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 Asunto: HISTORIA: Despliegues en la antigüedad
NotaPublicado: Lun, 20 Ene 2014, 12:12 
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Registrado: Vie, 03 Ago 2012, 16:16
Mensajes: 1741
Como es un tema muy recurrente y nunca está de más tener documentación histórica, he creado este post para recopilar información sobre despliegues de ejércitos en la antigüedad, sus Por que, razones o simplemente documentación.

Probablemente en post siguientes haya casos más concretos, por ahora pongo una introducción general al despliegue: Inicio o retirada en una batalla de la antigüedad.

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Escrito originalmente por: Sir Nigel (Laarmada)

Para aclarar un poco lo que viene después, creo que es mejor empezar por aclarar cuando y en qué situaciones se producían batallas. Lo más importante es tener en cuenta que las batallas no se daban, por norma general, a menos que lo quisieran ambos contendientes. Excepto en casos de emboscada o un ataque sorpresa, dos ejércitos enfrentados podían estar uno frente a otro durante días, semanas o incluso meses sin que ninguno de ellos se decidiese a atacar al otro (y en un caso al menos, entre romanos y cartagineses en Sicilia, años). Las posiciones defensivas, normalmente en zonas altas, eran lo bastante intimidantes como para que fuese preferible esperar a que el contrario se decidiese a abandonarlas y bajar al llano. A veces se producían duelos de posiciones, con cada bando intentando ocupar una posición más favorable (por ejemplo, que permitiese controlar la línea de suministro enemiga), cambiando ambos bandos sus posiciones varias veces o haciendo carreras por ver quien podía fortificar una línea más rápido y así aislar al contrario. En algunos casos estas carreras de ingeniería se convirtieron en "batallas" por sí mismas, con luchas de posiciones, asaltos y problemas logísticos parecidos a los asedios (como Dirraquio).

Pero aunque las posiciones defensivas eran ventajosas, antes o después uno de los bandos se encontraría en la obligación de abandonarlas. Las causas podían ser logísticas por falta de suministro, políticas (como obligaciones ante los aliados, peligro de disensiones en una confederación, que el general viera peligrar su mando, etc.), de disciplina (en más de una ocasión los soldados hacían imposible mantenerse más tiempo esperando) o fallos al recabar información (pensar que el enemigo era inferior en número o se estaba retirando). Los motivos de un tipo u otro podían ser más comunes dependiendo de qué ejército estemos hablando. En el ejército romano manipular eran comunes los problemas de disciplina con los soldados, así como la prisa de los mandos por obtener una victoria antes de acabar el consulado. En el enorme ejército belga que se enfrentó a César los problemas fueron ante todo logísticos (y, curiosamente, optaron por una retirada y no por un asalto suicida, que es lo que se podría esperar si seguimos la idea de que los ejércitos de "bárbaros" solo concebían la guerra como una carga de frente sin obedecer órdenes - y hablo de la regla "Impulsivos" o similar que se les endosa siempre). En las confederaciones griegas organizadas contra los persas existía siempre el peligro de que alguno de los contingentes decidiera que era mejor volverse a casa.

Estas tensiones afectaban siempre a ambos bandos. Si los griegos tenían el peligro de que la confederación se deshiciese, los persas de Mardonio que estaban enfrente tenían sus propios problemas logísticos, así como la necesidad de mantener la apariencia de completa superioridad en el territorio que estaban invadiendo. Finalmente uno de los dos bandos acabaría por no poder mantener su posición y se darían dos posibilidades: atacar o retirarse. En el primer caso podía darse la batalla si el enemigo también la aceptaba. Si no la aceptaba, seguía existiendo la opción de atacar directamente sus posiciones defensivas – aunque esto pocas veces llegaba a darse. En el segundo caso (la retirada) existía el peligro de ser atacados por la retaguardia antes de poder alejarse lo suficiente. Esto último fue lo que ocurrió en Platea, por seguir con el ejemplo de los griegos.

También era habitual hacer alardes de superioridad diariamente desplegando el ejército - cuanto más seguro se sintiera un general más se acercaría al contrario para provocarlo. Esto era una guerra psicológica para amedrentar al enemigo y hacer que las tropas propias ganasen confianza. A veces estos alardes se convertían en una batalla de verdad si los dos bandos se acercaban demasiado.

Así, era habitual hacer despliegues sin llegar a luchar realmente. Y estos despliegues eran lentos (varias horas) y tenían que ser organizados previamente. No era posible hacer cambios radicales con las tropas ya dispuestas sobre el terreno. Por este motivo los despliegues solían ser siempre bastante parecidos, siguiendo un patrón según la tradición militar en cada caso. Era más sencillo (y normalmente más efectivo) hacer las cosas como siempre que probar inventos originales. Aún así, se pueden ver las diferencias entre cada ejército. En las confederaciones, ya fuera tribus galas o ciudades-estado griegas, las tácticas eran sencillas y solían seguir un mismo patrón. La disposición de tropas de la Liga del Peloponeso, encabezada por Esparta, fue siempre prácticamente la misma. En un ejército como el de Alejandro, mucho más centralizado y veterano, se podían usar métodos diferentes según el caso, aunque siguiendo también más o menos un patrón establecido.

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 Asunto: Re: HISTORIA: Despliegues en la antigüedad
NotaPublicado: Lun, 20 Ene 2014, 12:16 
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Registrado: Vie, 03 Ago 2012, 16:16
Mensajes: 1741
Como ya he comentado antes, hay que tener en cuenta que al preparar el despliegue no se tenía la completa seguridad de que se fuera a producir una batalla. De hecho, en muchas ocasiones se desplegaba con la idea de que no se produjera en absoluto, manteniendo a las tropas en terreno alto.

Las tropas salían del campamento en el mismo orden que tendrían después en la línea de batalla. Primero saldrían del campamento las tropas que se iban a posicionar en la izquierda, y las seguirían las demás hasta las del extremo derecho, que serían las últimas. La cabeza de la columna (las de la izquierda, recordemos) se dirigían hacia el extremo derecho de lo que iba a ser la línea de batalla. Luego girarían y se moverían siguiendo la futura línea de batalla hasta alcanzar la izquierda, su posición final. El resto de las tropas las irían siguiendo y se pararían unas detrás de otras, formando la línea y encarándose hacia el enemigo. En el caso romano, que formaban tres líneas unas detrás de otras, en lugar de una sola columna habría tres que seguían el mismo recorrido moviéndose en paralelo.

Como podemos ver es un sistema engorroso y lento, pero que tiene la ventaja de que es ordenado y todo el mundo puede saber cual es su sitio con facilidad. Sólo hay que seguir al de delante. También era un sistema que obligaba a planificar todo el despliegue antes de poder ver qué hacía el contrario. En resumen, que ambos bandos desplegaban a ciegas basándose en lo que suponían que haría el contrario. Sólo cuando ambos bandos quedaban finalmente uno frente al otro podía el general comprobar si su despliegue era más o menos acertado, y eso en caso de que realmente pudiera ver algo.

Esto podía producir situaciones como la de la batalla de Ilipa, entre romanos y cartagineses. Durante varios días unos y otros desplegaron sus ejércitos a la manera tradicional, pero manteniéndose siempre a distancia del enemigo. Finalmente Escipión decidió un día invertir las posiciones de sus legionarios y aliados íberos. Cuando acabó el despliegue, era demasiado tarde para los cartagineses cambiar la disposición de sus tropas. Los romanos atacaron y vencieron.

Para poder defender a las tropas mientras se formaba la línea, lo normal era enviar tropas ligeras para formar una pantalla. Los combates entre las tropas ligeras eran mucho más habituales, ya que solían enfrentarse en tierra de nadie incluso aunque no llegase a producirse la batalla propiamente dicha. Incluso aunque el ejército ni siquiera saliese del campamento, las tropas ligeras realizaban operaciones en las cercanías para molestar al enemigo acosando su campamento, defendiendo o atacando líneas de suministro, saqueando las inmediaciones o simplemente participando en escaramuzas que permitiesen apuntarse pequeñas victorias para levantar la moral. Los combates de este tipo eran el día a día normal de la guerra, y a veces también participaban pequeños contingentes de tropas más pesadas.

En ocasiones estos combates podían salirse de madre: si ambos generales decidían enviar continuos refuerzos a uno de estos enfrentamientos podía ocurrir que al final los ejércitos completos acabaran en una batalla campal. Algunas batallas a gran escala comenzaron con peleas individuales en zonas de recogida de agua o discusiones por una mula, por ejemplo. En estos casos, más que un despliegue lo que había era un continuo goteo de refuerzos sobre un punto, hasta que finalmente ambos bandos salían del campamento con todo lo que tenían a toda prisa. Los manuales de la época desaconsejaban dejarse arrastrar a una de estas batallas "improvisadas", ya que nadie podía tener un control real de la situación.

(Continuará)

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